La Cultura Machista: La Perspectiva de un Hombre Gay Latino

Foto por: Gopi Vadsak Diseñado por: Jennix Bien-Walker

Desde niño, supe que no era como los demás niños a mi alrededor. No era ruidoso, agresivo, ni me interesaba actuar como un tipo rudo para demostrar algo. Me gustaban otras cosas: bailar, reír y ser yo mismo. Pero cada vez que mostraba algo de suavidad, ya fuera en las fiestas familiares o con amigos, sentía que no era lo suficientemente “hombre”. Cuando me di cuenta de que era gay, esa presión por ser alguien que no era sólo aumentó.

Crecer como hombre gay en un hogar latino siempre me hizo sentir el peso de la masculinidad: una expectativa constante de encajar en una idea muy limitada de lo que significa ser hombre. El machismo en nuestra cultura se trata de ser fuerte, agresivo y nunca mostrar debilidad. Cualquier otra cosa se considera un fracaso. Si eres gay, sientes que ya perdiste el juego antes de que siquiera comience.

Se estima que 2.3 millones de adultos latinos en los Estados Unidos se identifican como LGBTQ+ y el 65 % de ellos tienen menos de 35 años. A pesar de esta creciente visibilidad, las personas LGBTQ+ latinas enfrentan la presión del machismo y los desafíos relacionados tanto con su sexualidad como con su identidad cultural. Esta intersección a menudo agrava los sentimientos de aislamiento y vulnerabilidad en la comunidad.

La cultura latina es hermosa y rica en muchos aspectos. Valora la familia, la comunidad y un fuerte sentido de identidad. Pero seamos realistas: cuando se trata de roles de género, puede ser estricta. Si no encajas en el molde que se espera de los hombres, es un problema.

En la cultura latina, existe la idea de que ser gay de alguna manera te hace menos hombre. A la gente le encanta hacer preguntas como, “¿Quién es el hombre y quién es la mujer en la relación?” Es insultante y muestra cuán profundamente arraigados están estos estereotipos. Reduce la experiencia de ser gay a algo que la gente intenta encajar en una narrativa heterosexual, como si tuviéramos que seguir sus reglas.

El machismo se alimenta del miedo. Enseña a los hombres a temer la vulnerabilidad, la debilidad o cualquier cosa que se sienta “femenina”. Es como si no se pudiera ganar. Si eres gay, se te considera poco masculino por a quién amas, pero si actúas como los hombres a tu alrededor, igual no eres aceptado porque eres gay. Es agotador.

Esta presión nos afecta de varias maneras, impactando nuestras relaciones con la familia, amigos y parejas románticas. Para muchos de nosotros, salir del clóset da miedo porque no sabemos cómo reaccionará nuestra familia. En las familias latinas, donde la familia lo es todo, el rechazo puede sentirse como perder todo tu sistema de apoyo. Algunos tenemos la suerte de tener familias que nos aceptan, pero incluso entonces, suele haber un silencio incómodo alrededor de la homosexualidad, como si nadie quisiera hablar de ello.

Incluso dentro de la comunidad gay, el machismo muestra su lado feo. Existe la presión de ser el “gay macho”, musculoso, dominante e hipersexual. Es casi como si se esperara que imitáramos la misma masculinidad tóxica que nos rechazó en primer lugar, reforzando ideas dañinas de las que muchos intentamos escapar.

La verdadera tragedia es cómo el machismo puede llevar a la violencia. Las personas LGBTQ+ latinas, especialmente las mujeres transgénero, enfrentan mucha violencia y discriminación. Las ideas rígidas sobre lo que es un “verdadero hombre” alimentan esta violencia porque cualquier cosa que desafíe esas normas se ve como una amenaza. Lo vemos en la homofobia casual disfrazada de bromas, en la forma en que se trata a las personas queer en público y en la falta de indignación cuando alguien de nuestra comunidad es lastimado.

Pero hay esperanza. Las cosas están cambiando, lenta pero seguramente. Las generaciones más jóvenes están desafiando estas ideas anticuadas sobre la masculinidad. Más hombres latinos están abrazando la vulnerabilidad, mostrando que ser suave no te hace débil. Vemos más representación de personas queer latinas en los medios como personajes reales o complejas. Las conversaciones sobre la masculinidad tóxica son cada vez más comunes, lo cual es una buena señal.

Sin embargo, aún nos queda un largo camino por recorrer. Para liberarnos del machismo, necesitamos replantearnos lo que significa ser hombre. Necesitamos crear espacios donde la vulnerabilidad se vea como una fortaleza y donde ser queer se celebre, no sólo se tolere.

Como hombre gay en la comunidad latina, he aprendido que mi identidad no me hace menos hombre ni menos latino.

Es hora de hacer espacio para todo tipo de masculinidades, para que las futuras generaciones de niños queer latinos no tengan que cargar con el peso del machismo. Construyamos un mundo donde todos podamos ser nuestro verdadero yo, sin miedo, sin vergüenza y con orgullo.

Traducido por Isabella Siqueira

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